con pasadizos que parecen no tener salida
en una de esas calles empedradas a la antigua
adornadas con hermosas madreselvas milenarias.
Hay dos árboles guardianes que cuidan el camino
llevan el balance de cada uno de los pasos
silentes compañeros de maravillosos ratos
y fieles cómplices de los amargos desatinos.
Podrían recordar que cargando una mochila
con utopías, esperanzas e ilusiones dentro
vacía de pesares, angustias y tormentos
jugando con sus trenzas, pasaba una chiquilla.
Que debajo de sus ramas volaron mariposas
moviéndose como fetos en aquel novato vientre
y sus sombras abrazaron el fascinante ambiente
del inmortal beso de sus dos chispeantes bocas.
Sus raíces encastradas al sempiterno olvido
testigos afásicos de la transformación del tiempo
manuscritos de mil vidas en esos troncos viejos
de anhelos locos que hoy, parecen muertos.
Y en esa callejuela que se duerme solitaria y taciturna
Al amparo de las sombras de los dos verdes colosos
Yo planté sueños eternos en los cráteres de tus lunas
Mientras jugaba con los rizos de nuestro amor ignoto.






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